Los aumentos salariales, el costo de los conflictos y la inflación

Los aumentos salariales, el costo de los conflictos y la inflación
Fuente: El Economista – Pág. 7
Autor: Julián A. De Diego (Especialista en temas laborales)
Fecha: 09-02-07

Las negociaciones salariales comenzarán en marzo con dos o tres acuerdos emblemáticos que marquen el rumbo.


Lo deseable para el Gobierno sería que se pactaran aumentos moderados por sector, en base a conflicto “cero”, y sin efectos sobre los precios. En rigor, los objetivos son plausibles dentro de ciertos límites.
Por lo pronto, debemos diferenciar las actividades de mano de obra intensiva, las pequeñas compañías y las que abastecen al mercado interno, que cuentan con menores posibilidades de otorgar aumentos, de las empresas de capital intensivo, que tienen tamaño mediano o grande, y que exportan una parte importante de su producción, que tienen mayores márgenes para negociar salarios.
Si consideramos los factores precitados, tenemos un dato que hoy nadie discute, y es que aumentos inferiores al 9, 8% -que corresponden a la inflación del año 2006- proyectados durante el año 2007, en general son inocuos y aceptables para las empresas de cualquier tamaño y situación, y a la vez sería de muy bajo impacto sobre los precios. En efecto, una contribución a la estabilidad del año 2007 haría aconsejables aumentos de esa magnitud, como máximo.
La ficción de que no hay piso ni techo, es casi el paradigma de la contradicción. El piso es “cero” y de hecho, habrá empresas que no podrán pagar ningún aumento, cualquiera fuere el porcentaje o la presentación.
Es más, todo trabajador ligado a la economía clandestina, es ajeno a las reglas que fijen los convenios colectivos que firmen los sindicatos con las entidades empresarias, por ende, su expectativa es “cero”. En cuanto a magnitudes, este sector de la población laboral es casi la mitad (44%) del total de dependientes que están trabajando en la actualidad.
En rigor, el techo también es otra falacia. Lo que existieron en los últimos tres años fueron pautas, que en general nacieron de puntos de referencia, de la salida de la recesión más el regreso al crecimiento, y de que todos apostaron a que crecimiento e inflación controlada continúen. No hay posibilidad de que se redistribuya en forma más equitativa el ingreso, y que continúe el crecimiento en estabilidad, sin un sistema de ajustes que acompañen el ritmo de la economía, y podríamos decir, y viceversa.
Una pauta es un punto de apoyo, es un marco de referencia, es un eje en torno del cual las distintas actividades y situaciones se resuelven, buscando consenso y viabilidad. Es por ello, que el techo no existe, al contrario, los ajustes se aplican de modo tan dispar en la realidad de las empresas, que los verdaderos ajustes se producen en el seno de cada compañía, nunca se concretan a partir de los cambios en los salarios básicos de cada actividad, que opera como un piso irrenunciable, expresión que alude a la imposibilidad de que las partes puedan perforar este ingreso por categoría, como nadie puede pagar menos que el Salario Mínimo Vital y Móvil.
La discusión de los salarios en el marco convencional tiene un costo adicional a tener en cuenta, y es el de los conflictos y los efectos negativos que se puedan producir. Muchas actividades no tienen resistencia para enfrentar ninguna medida de fuerza, o dicho en otros términos, una huelga puede generar más daño en la producción y venta de bienes y servicios, que el costo que debe asumirse con los aumentos -aún excesivos- demandados por los sindicatos combativos.
Los acuerdos salariales bajo presión suelen producir efectos distorsivos en los costos y en la economía y hasta decisiones gubernamentales contraproducentes.
El “efecto imitación” de acuerdos imprudentes puede llevar a resultados que sin dudas perjudicarán a los trabajadores, que en rigor son los que deberían recibir los beneficios de una política de preservación del valor real del ingreso. También afectarán a las empresas en sus costos y en los precios, y finalmente, por alguna vía, la economía buscará siempre, tarde o temprano, su sinceramiento.
El mismo nivel del agua en la prueba de los vasos comunicantes es el resultado de una ley física, y nada podrá impedir que la causa-efecto busque siempre el mismo nivel con prescindencia de la forma de cada vaso. La economía es un conjunto de vasos comunicantes que necesariamente buscan su nivel de equilibrio. El costo más la rentabilidad son el nivel real de los precios, con prescindencia de que índices o parámetros que utilicemos.
En conclusión, si no sinceramos todos los factores, por alguna vía alguien pagará el costo. Las empresas sólo tienen viabilidad en base a competitividad y rentabilidad. El incremento del costo laboral necesariamente integra el precio, y si no tiene efectos sobre él, es porque se pudo compensar con otros parámetros como la reducción de otro costo o la mejora de la productividad. Si los demás factores no cambian, el mayor costo laboral necesariamente producirá un efecto incremento sobre el precio final.