Hay que volver a encuadrar huelgas en la Constitución

Hay que volver a encuadrar huelgas en la Constitución
Fuente: Ámbito Financiero – Pág. 6
Autor: Por Julián A. de Diego (Especialista en temas laborales)
Fecha: 21-05-07

Todos contra todos parece ser el lema de los conflictos laborales. La consigna es producir el mayor daño posible al empleador y sobre todo a los ciudadanos, en especial si son trabajadores.


Todos contra todos parece ser el lema de los conflictos laborales. La consigna es producir el mayor daño posible al empleador y sobre todo a los ciudadanos, en especial si son trabajadores.
Lo curioso es que las principales víctimas son los asalariados de menores ingresos que utilizan los servicios públicos de transporte y que son los más vulnerables por no disponer de alternativas.
Cuanto mayor es el daño material y virtual producido, menor es el tiempo de duración del conflicto y mejor o más gravosa es la reivindicación lograda. Cuando la relación de fuerzas es dispar, las acciones comienzan con una medida de acción directa intempestiva y con los más resonantes efectos posibles. Los temores, los riesgos, las expectativas y las incógnitas juegan un papel más relevante que los términos y alcances de las medidas.
Por su parte, la empresa, frente a la medida de fuerza, debe constatar, intimar y adoptar todas las medidas de contraofensiva posibles para poder lograr el marco mínimo indispensable para poder negociar.
Los santacruceños contra su propio líder, los subtes contra la empresa y contra la cúpula gremial y los usuarios, los bloqueos como modelo de fuerza de choque, en síntesis, volvió la huelga salvaje.
En momentos previos a las elecciones la oportunidad parece ser inmejorable para conquistar la permisividad gubernamental. Sin embargo, la respuesta ha sido negociar desde una posición de fuerza, y tal permisividad parece haberse diluido. Parece un siglo cuando a principios de año el gobierno nacional se había propuesto negociar con la cúpula cegetista y el apoyo de Hugo Moyano una etapa que transitara por la vía del diálogo, no con tolerancia cero sino con conflictos cero. Nada de lo planeado fue así, y de hecho, la rebelión laboral está en marcha. No sólo se rebelan los gremios que buscan mejorar los salarios en forma claramente superadora de las expectativas, sino que además se rebelaron las bases contra los dirigentes, los delegados contra sus mandos materiales y, por si esto fuera poco, se rebelan los profesionales que no saben quién los representa en el seno de la empresa, y por último y era necesario para que todos estuvieran incluidos en este nuevo dilema, se rebelan gradualmente los mandos medios y hasta los mismos ejecutivos.
Nada de lo que está pasando es el ejercicio pleno del derecho constitucional de huelga, que se la viola cuando un derecho es anulado a retaceado por la autoridad pública, como cuando el derecho se transforma en un abuso, y pierde en consecuencia los límites propios de la legalidad, perforando los principios que sustentan al Estado de Derecho, y sobre todo, cuando se anulan las reglas mínimas de la convivencia y del respeto por del derecho de los demás. Es más, la violación de un derecho que legitima el daño de la paralización de la actividad productiva como es el caso de la huelga, las medidas de fuerza se transforman en un sistema de abusos y presiones físicas y psicológicas, lejos de ser un medio se convierte en un fin, al estilo de lo que propugnaba Maquiavelo, en el sentido de que «el fin justifica los medios».
Pregonar esta mecánica transforma el derecho en una extorsión o en un chantaje en donde el sabotaje y el boicot son dos medios aprobados por el imperio de los hechos, no por el imperio del derecho.

Víctimas

El otro fenómeno que desencadena la huelga salvaje es que quienes la defienden, la apañan o la toleran, tarde o temprano son víctimas de ella, seguramente en su estado más depurado y virulento.
Es necesario volver a la huelga en el marco y con los límites impuestos por el artículo 14 bis de la Constitución nacional, que contiene el derecho como el último recurso después de agotados todos los caminos y las vías del diálogo y la negociación. Son cuatro los requisitos para legitimar el ejercicio de la huelga en el marco de un Estado de Derecho: a) que sea promovida por una entidad gremial con personería; b) que tenga un objeto laboral concreto de naturaleza colectivo; c) que se ejerza por la simple abstención de trabajar con abandono pacífico de los puestos de trabajo; y d) que se hayan agotado y cumplido los procedimientos de conciliación y arbitraje.
Volver a las fuentes es regresar al marco institucional que es una de las graves carencias de los Estados modernos que ponen en riesgo los valores esenciales como son la libertad, la democracia, y el pleno ejercicio de los derechos en sociedad.