Paro más caro que aumento?

Paro más caro que aumento?
Fuente: Ambito Financiero – Pág. 14 y15
Autor: Julián A. De Diego (Especialista en temas laborales)
Fecha: 13-11-07


Julián A. de Diego
En el programa radial Radiografía , en la señal AM 92.1, el abogado laboralista Julián de Diego habló, con sinceridad poco habitual en opinantes, de las relaciones actuales entre dirigentes sindicales y empresarios. Advirtió sobre la desaceleración que sufre la economía.


PERIODISTA:¿Tienen poder los sindicalistas hoy para negociar?
Julián de Diego: Acá hay otra cosa, un fenómeno que no es nuevo, que se agudizó en estos cuatro años y medio, y que es que el poder de la gente que trabaja se segmentó. Por un lado, la gente ya no delega las atribuciones en el secretario general del sindicato y por eso es que uno ve con una frecuencia inusitada asamblea tal o asamblea cual. En ese sentido, en la asamblea se vota y muchas veces se descalifica al secretario general del gremio. La otra es el grupo de los delegados. El delegado es un minidirigente sindical en potencia y generalmente con una concepción ideológica disidente de la tradicional idea peronista-justicialista. Después están los dirigentes tradicionales, que tienen muchos años ya de permanencia. Son 20, 30 años de permanencia.
P.: Y encima se han aburguesado.
J.d.D.: Además, la sucesión de los líderes no es al estilo de otras épocas. Antes estaba consensuada con los bloques dirigentes. En cambio, hoy todo el mundo puja por la sucesión. Entonces, cuando uno se encuentra con este cuadro tan complejo, ¿cómo se hace para hacer un acuerdo salarial?
P.: Donde hay que negociar con cuatro o cinco caras distintas…
J.d.D.: Y todos los tenés que tener adentro de la negociación de alguna forma o de modo escalonado o combinado.
P.: Podría salir más caro para la empresa de esa forma.
J.d.D.: Cuando uno lo hace por etapas sale más caro. Cuando uno trata de incluir a todos los implicados puede ser que salga de una sola vez. Pero la complejidad tiene que ver con dos problemas; uno es el de la segmentación, el otro es el del efecto de la inflación. Esta, al estar tan metida en la mente de la gente, es lo que termina complicando aun más la negociación. De esta forma, el conflicto no termina nunca. Es un constante ciclo que se repite. Empieza con agitación, con asamblea, etc., pero nunca termina. Cada etapa es una especie de capítulo dentro de un largo libro que nunca tiene final. Entonces, el problema para las empresas es cómo se hace para generar contención. Por eso, de algún modo, el pacto social parece ser un modo de contención.
P.: Usted ya me había dicho que este año iba a ser muy movido, no por problemas sindicales vinculados a los despidos, que era lo que venía pasando, sino porque ahora se venía el momento de la recategorización y eso finalmente ocurrió. Hoy la desocupación no está pegando tanto y sí lo está haciendo el tema de los aumentos de sueldo.
J.d.D.: Sin ninguna duda. Porque el año que viene la que va a empezar a demandar un cambio en las estructuras sindicales y sociales es la gente. La sociedad entró en un proceso entre crecimiento de salario real y posibilidad de consumir de determinada forma que ahora no la quiere resignar. Es por eso que cada vez que una persona con la misma cantidad de unidades monetarias puede comprar menos, formula reclamos de este tipo. Esa gimnasia tiene la misma secuencia que el síndrome del piquete. La razón por la cual el piquete era noticia era porque la gente veía que haciendo eso venía alguien a negociar y le daba buenos resultados. Entonces la gente volvía hasta quedar satisfecha. Con los nuevos reclamos, las empresas se están dando cuenta de que les está saliendo más caro el paro que le hacen que el aumento que piden los empleados.
P.: ¿Cómo juega todo esto cuando la inflación empieza a apretar un poco más o cuando la economía empieza a desacelerarse?
J.d.D.: Como el miedo es a esta desaceleración del recalentamiento que ha venido sufriendo la economía, el temor de la gente genera el «tengo que aprovechar lo mayor que pueda en el plazo más corto posible». Es por eso que se entra en una especie de cortoplacismo medio frenético. En mi opinión, el silencio que estamos teniendo en estos días es la tranquilidad que precede a la tormenta. La tormenta se viene.
P.: Por otro lado, Julián, hay ciertas cosas curiosas en el ámbito de la producción de servicios, como, por ejemplo, que Edenor hiciera una publicidad diciendo que no gastemos luz, que las petroleras recen por vender menos.
J.d.D.: Lo que ha dado vitalidad a las empresas es el volumen de producción de estos últimos años. Sin embargo, el volumen a pérdida, el límite al cual todavía no llegamos, está al borde. En ese sentido, en definitiva estás poniendo ejemplos de casos donde es imprescindible que haya inversiones grandes de infraestructura rápido, porque rápido significa que podemos tener correcciones de acá a cinco años. En esa línea, y volviendo al punto inicial, el año va a ser muy conflictivo porque cualquier mecanismo que se utilice para desacelerar todos estos procesos va a ser absorbido directamente por la gente que cobra un salario. Esa gente es la que, en definitiva, también va a hacer el reclamo.
P.: ¿Cuáles son los sindicalistas más difíciles de tratar?
J.d.D.: En el sindicalismo argentino hay dos corrientes claras en cuanto a cómo llevan la presión contra las empresas. Los de muy fuerte conflictividad, donde está Hugo Moyano a la cabeza, y aquellos con los que se puede sentar a negociar y verdaderamente hay códigos. Hay que desmitificar la teoría de que el dirigente sindical no tiene reglas. Fueron distintas desde Alfonsín hasta el presente. Desde el me quedo tranquilo, no me involucro en las cuestiones salariales del pasado hasta el presente con Kirchner, que es una suerte de operador entre los negociadores y la gente que más afectada se ve por la suba de la inflación. Por eso subió el salario mínimo 500%. Subieron los convenios mínimos más que la inflación. Buscó que los ingresos de los que menos ganan sean superiores.