El ingreso real y la inflación

El ingreso real y la inflación
Fuente: Diario Perfil – Seccion Economía – Pág. 24
Autor: Julián A. de Diego
Fecha: 25-11-07


Julián Arturo de Diego
El dilema que habrá que enfrentar el futuro pacto social se relaciona con los instrumentos que se utilizarán para preservar el valor real del salario. Para ello, como referente se debe emplear el índice de inflación, y resulta claro que el INDEC no es confiable.


En el plano teórico, el salario debe tener un valor tal que le permita sostener el principio de suficiencia. Según este principio, la remuneración es un valor con fines alimentarios que debe cubrir las necesidades primarias (aumentación, vestido, vivienda, salud, educación, esparcimiento, previsión, etc.) del trabajador y su grupo familiar.
Es interesante observar que más del 60% de la población activa tiene ingresos inferiores a $1.200. Si el ingreso fuera registrado o “en blanco”, el neto de bolsillo rondaría los $ 1.000. Si a esa suma le restamos gastos de viaje nos queda un saldo neto de $ 900, es decir un monto de $ 30 por día para gastar en las necesidades primarias.
Las conclusiones parecen obvias. Parece acertada la política general del Gobierno en el sentido de que debe fortalecerse y mejorarse el ingreso de los que menos ganan. De hecho, la progresión de las escalas de convenio son la causa de los ajustes salariales que, en gran medida, aumentaron mucho más allá de la inflación. El dilema se convierte en una encrucijada cuando muchos afirman que deben continuar la libre discusión de los convenios, cuando un acuerdo social fijaría pautas a las cuales las partes -gremios y empresas- deberían ajustarse. El acuerdo debe traer los aumentos a un nivel tal, que no se conviertan en una directa traslación a los precios. Una cantidad de unidades monetarias más con inflación no mejora el salario, al contrario, le hace perder poder de compra.
La solución está ligada a la triple combinación entre elementos difíciles de instrumentar: sólo deberían aumentarse los ingresos mínimos por debajo de una canasta básica; los ajustes deberían realizarse a cambios de mejoras en la productividad; y los sectores bajo controles o restricciones en los precios sólo deberían tener ajustes salariales compatibles con ellas. En cualquier caso, lo más difícil es lograr que los actores cumplan con lo que firman.