Pronóstico laboral para el 2013: alta conflictividad y lucha contra el cepo salarial

Viernes  04 de Enero de 2013

Pronóstico laboral para el 2013: alta conflictividad y lucha contra el cepo salarial

Pronóstico laboral para el 2013: alta conflictividad y lucha contra el cepo salarial

Cinco CGT irreconciliables en el peor momento de la historia reciente, la CGT oficialista de Antonio Caló que no encuentra el camino que compatibiliza sus necesidades con las del Gobierno Nacional, y el Gobierno Nacional que procura actuar contra la inflación manteniendo un alto nivel de actividad, deja a las empresas exhaustas y totalmente confundidas sobre cuales son las herramientas preventivas que se deben desplegar. En un marco como el descripto, el eje de todo el marco laboral se centra en la discusión de salarios y en la forma de desviar la tendencia observada en los últimos ocho años: que los aumentos no anticipen inflación, y que los ajustes superen la evolución de la góndola. En esta oportunidad, al comenzar el año, se presentan negociaciones salariales testigo como son aceiteros y bancarios, que el Poder Ejecutivo trata de instalar como ejemplos, cuando los gremios tratan de liderar un modelo difícil de sustentar. A su vez se procura mantener un alto nivel de consumo y de actividad económica, que está centrada en prevenir cualquier malestar social frente a las elecciones parlamentarias del mes de octubre.
La negociación salarial está recorriendo su primera etapa, en donde los gremios plantean aumentos superiores a la inflación proyectada y las pautas giran en torno del 15 o 16%, con la expectativa de llegar al 20% fraccionado en un mínimo de tres pagos, si es posible, con algún vencimiento en el primer trimestre del año 2014. La mayoría especula con un 25/27% en función de los pronósticos de los economistas. Juegan un papel importante los gremios líderes, la mayoría de los cuales no están dispuestos a someterse a estas reglas. Es más, la CGT de Antonio Caló debaten internamente una salida concertada, en donde hay tres posturas: sin condicionamiento (inviable para el Gobierno Nacional); libre pero con compromiso de no traslación a precios (inviable para las empresas); y con un acuerdo de precios y salarios (carece de lógica en función del resto de las medidas ya adoptadas por el Estado). Por ejemplo, una alternativa sobre la modificación del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, fundamental en el manejo de los ingresos en conjunción con los incrementos convencionales, tiene tres posturas: que se incremente el mínimo; que lo pague alguien de sus dividendos (absurdo); que lo financien las empleadoras (disparatado). Las asignaciones familiares, cuyo financiamiento está asegurado por la contribución patronal legal (7,5%) no se puede cambiar por estar “atado” a la asignación universal, complementada por los subsidios en especie de los municipios que entregan vales a los beneficiarios para acceder a ciertos alimentos, financiados indirectamente por el Gobierno Provincial o por el Nacional. En rigor, los subsidios ahondan las diferencias sociales, desnaturalizan la cultura del trabajo, y contribuyen a la creación de un “gueto de marginales excluidos”, filosofía totalmente contraria a las políticas de Estado del Gobierno Nacional.
Si la encrucijada salarial se transforma en cepo, la conexidad de todos los intereses nos lleva a la conclusión de que los reclamos se instalarán en las empresas, buscando equilibrar o complementar lo que no ha sido posible lograr en las paritarias. Las medidas de fuerza esperables descienden a la realidad de cada compañía, a la negociación por empresa, a partir de la insuficiencia de los niveles logrados en el plano sectorial. El mismo resultado se obtendría si prevalece la teoría circulante en ciertos núcleos del Estado, en torno de fijar un aumento salarial general por vía de un decreto de necesidad y urgencia, prescindiendo de la negociación colectiva en curso, y llamando a una gran paritaria nacional.
El año 2013 está acompañada de importantes avances de la conflictividad judicial con un importante incremento de la actividad judicial, en donde el 52% están ligados a los juicios por despido, multas y recargos, el 34% se refieren a riesgos del trabajo (enfermedades profesionales y accidentes del trabajo), y el resto por diferencias salariales, cuestiones de discriminación, mobbing, y sobre cuestiones de naturaleza sindicale. Varios factores han contribuido a que la actividad contenciosa se incremente en cantidad y calidad, en especial algunas contradicciones que se han creado en fallos contradictorios, como son el caso “Madorrán” y “Alvarez Maximiliano” en la Corte Suprema, la competencia de la justicia laboral en los reclamos por la vía del derecho común a propósito de la reforma introducida en la Ley de Riesgos del Trabajo, o la pertinencia de la aplicación de las normas en materia de discriminación y sus efectos en la estabilidad. La justicia laboral está necesitando jerarquización a través de la calidad de sus sentencias, de la pertinencia de sus decisiones, y sobre todo, de la equidad en un contexto laboral en la que todos deberíamos contribuir a mejorar la seguridad jurídica, incluyendo las necesidades provenientes de los conflictos judiciales.
En función de las tendencia observadas en la era K, y en la estrechez con la que se manejarán los parámetros fundamentales este año, el desempleo se mantendrá estable en el 7/8% al igual que los niveles de subempleo demandante y no demandante. La pobreza y la marginalidad se mantendrán en niveles similares a los años precedentes, partiendo de la premisa de que los sectores de menores ingresos perderán seguramente parte de su poder de compra. Los beneficiarios de los planes sociales seguirán siendo un problema insoluble, dado que la puja se mantendrá en torno del mapa de marginalidad y exclusión, manejada por líderes zonales o piqueteros, que en su mayoría ceden a los ajustes periódicos promovidos por el Gobierno Nacional, que seguramente se ajustarán cerca de las elecciones. Las empresas presentan un escenario sumamente heterogéneo. Desde las que crecen y siguen manteniéndose en altos niveles de producción, ventas y rentabilidad como minería, bancos, tarjetas de crédito, petroquímicas, automotrices y autopartistas. Por otra parte, tenemos las empresas en estado de equilibrio y “flotación”, que han llegado a los límites de supervivencia, sobre todo en las economías regionales, en el turismo, y en los servicios exportables. En general, se observan muchas compañías los llamados Comité de Crisis, a partir de los cuales, bajo escenarios hipotéticos, se preparan las acciones necesarias para ajustar el modelo a los eventuales y nuevos requerimientos que imponga la economía.
Habrá que darle mayor importancia en el 2013 a la responsabilidad social empresaria, a las condiciones de trabajo y su balance con la vida privada, a las relaciones interpersonales en el trabajo, y a los nuevos parámetros y requerimientos de las generaciones X, Y y Z ligadas la conexión on line y al mundo informático, insólitamente, para mejorar la productividad.
Cultivar el bajo perfil, la productividad bien entendida, y el desarrollo de las relaciones laborales y sindicales serán ponderables, como virtudes fundamentales del nuevo año que se, inicia con fuerte incertidumbre en las acciones que se imponen, para que el Gobierno siga contribuyendo al plan de desarrollo y crecimiento de la economía en general.