Paz social sin horizonte ante la creciente hostilidad en los conflictos sociales y políticos

Viernes  11 de Enero de 2013

Paz social sin horizonte ante la creciente hostilidad en los conflictos sociales y políticos

Paz social sin horizonte ante la creciente hostilidad 
en los conflictos sociales y políticos

Todos contra todos y por todo”, parece ser el eslogan del año 2013, donde todo lo que se ve, se lee y se escucha implican confrontación, beligerancia y hasta violencia física, política psicológica o social. Cuando todos buscan entendimiento, consenso, razonabilidad, respeto por los derechos fundamentales, libertad de expresión, trasparencia de las instituciones, autoridad del Estado regulando los ejes tóxicos de las crisis recientes, nosotros solo pensamos en la confrontación. Las consignas de fondo del centro izquierda son el fortalecimiento de la democracia, para que se consolide un proyecto republicano, reglamentando la operatoria de los ámbitos tóxicos, creando un devenir constructivo en flujo constante, sin hitos y caídas, sin grandes éxitos seguidos de estrepitosos fracasos, con una visión transformadora, que contemple el crecimiento sustentable en un marco de tutela del ecosistema, donde el desarrollo de las energías no renovables son vitales, cubriendo todos los ámbitos de la crisis, y también aquellos que han sido siempre superavitarios, y que cubrieron o maquillaron las herramientas nocivas como los subsidios, que se terminar orientando sobre apetencias o conveniencias electorales o político partidistas, olvidando las necesidades y las aspiraciones más elementales pero también más complejas que la sociedad demanda. Se tenderá seguramente a una economía solidaria más equitativa, y que incorpore a todos los sectores marginales y excluidos.
Las consignas beligerantes son y siempre serán anatema de la prevenida por Juan Pablo II “totus tuus” que significa “todo tuyo” y “todo de todos”. La tiranía del mercado libre, la globalización y sus reglas dentro de la oferta y la demanda, la ineficiencia del Estado para regular los excesos y limitar los componentes tóxicos, el reino de la avaricia y de la codicia al referirse el Presidente Barack Obama a la crisis del 2009, y la concentración del capital y del poder en unos pocos ha generado desequilibrio, y se perdió el balance relativo que poseía occidente.
España, Grecia, Italia, Irlanda, Portugal, Francia, Gran Bretaña y Alemania no salen de su estancamiento, y a medida que procuran avanzar sobre las llamadas causas de la crisis, las agravan, como quién se agita en una ciénaga. Es y resulta claro, que una salida plausible se basa en una reforma estructural que cale hasta la esencia de cada uno de los cimientos y los reconstruya bajo los nuevos paradigmas. No existe la inclusión sin paz social, no existe protección social sin oportunidades y trabajo para todos, en condiciones que resguarden la dignidad de la persona humana.
En nuestro país, la confrontación entre trabajadores y empleadores, ahora se le agrega la de los sindicatos entre sí, las cinco CGTs entre sí, los delegados y comisiones internas entre sí, entre el Gobierno Nacional y las centrales obreras y empresarias, y entre la política partidista y las corporaciones empresarias, las sindicatos y las CGTs. En síntesis, todos contra todos por todo.
Otto Khan Freund (Frankfourt 1900 -Oxford 1979) promotor del collective laissez faire -donde las partes gozan de la autonomía de negociar libremente y el Estado modera las materias y los efectos- decía que el derecho del trabajo es la rama que tiene como objeto central proteger al trabajador frente al poder de las empresas y al poder creciente de los sindicatos.
En la declaración de los fines de la OIT (1944) pocos saben, que se tenía siempre como dato central que la contribución a través de su estructura tripartita y de normas internacionales aplicables al derecho interno, tiene por fin mejorar la calidad en el trabajo y a una mejor calidad de vida, reducía las diferencias sectoriales y hacía con ello una contribución a la paz social, que era por entonces una forma eficiente de prevenir las guerras armadas.
En la Encíclica Caritas in veritatis del Papa Benedicto XVI es decir, “la caridad en la verdad” se reafirma que dentro de la acción moral no basta la justicia y el bien común, en un marco de libertad. En efecto, el crecimiento de la riqueza lo es en un marco claro de desigualdad, donde crece también la pobreza atenta la distribución inequitativa de los beneficios.
Estas pautas llevadas a las relaciones laborales y sindicales in extremis es el anticipo del caos y la dialéctica lucha de clases contra la dictadura de la burguesía, de las que hablaba Carlos Marx (Prusia,1818-1883).
Deseos, necesidades y expectativas seguramente insatisfechos, provocan la reacción y conducen irremediablemente a la búsqueda colectiva de acciones, reclamos, manifestaciones, escraches, concentraciones o paradas. En el plano de la actividad laboral los sindicatos están enfrentados por intermedio de cinco CGTs más o menos como el mundo empresario que cuenta con alguna agrupación que procura mantener cierta identidad. Sin embargo, ambos han perdido el liderazgo, y carecen ya no solo de representatividad, sino sobre todo de legitimidad a la hora de defender sus intereses, intereses que solo están dispuestos a reclamar cuando no hay otra alternativa, y de hecho, cuando es el último recurso.
En rigor, en las sociedades democráticas se manejan en base al respeto de ciertos derechos fundamentales y el principio de respeto por las libertades individuales y colectivas, en donde cada sector defiende sus intereses, y el Estado procura armonizarlos de modo de asegurar a todos en bien común y el bienestar general, cada uno de ellos operando sobre el arbitraje de las mayorías sin perjuicio del respeto por la oposición y por las inquietudes de las minorías.
La figura de la hegemonía como herramienta de conducción es más bien un instrumento de la monarquía o de las formas de gobierno aristocráticas, de modo tal, que carecen de legitimidad dentro de un sistema democrático y transparente. Para Arnold Toynbee (Inglaterra,1889-1975) por ejemplo, las civilizaciones son el resultado de la respuesta de un grupo humano determinado a los desafíos que sufre, ya sean naturales o sociales. De acuerdo con esta teoría, una civilización crece y prospera cuando su respuesta a un desafío no sólo tiene éxito, sino que estimula una nueva serie de desafíos; una civilización decae como resultado de su impotencia para enfrentarse a los desafíos que se le presentan. Existen sociedades que han formulado paradigmas que conducen a la autodestrucción, como los que promovieron el fanatismo social que condujo a la guerra como en la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini.
Las bases como ciudadanos comunes descreen de sus líderes, y centran sus acciones junto a los representantes en cada lugar de trabajo. A su vez, las empresas visualizan un mercado en retracción, originada en la volatilidad ambigüedad y falta de confianza que existe en los distintos mercados. En un mundo lleno de oportunidades para los países emergentes, la Argentina no figura entre los confiables, obviamente, porque no hemos honrado las deudas, y en especial, no las seguimos honrando. Basta con citar el caso “Repsol”, el cepo cambiario y los títulos provinciales de la “pesificación chaqueña”. ¿Cómo se construye una sociedad democrática y transparente en base óolo y únicamente a la contradicción emergente del conflicto y la confrontación? Parece que volviendo a las fuentes, cambiando confrontación por consenso, admitiendo que el país no puede mantener la senda del crecimiento sin cambios de rumbo fundamentales.