Crisis y decadencia del sistema de relaciones laborales del Estado de bienestar

Crisis y decadencia del sistema de relaciones laborales del Estado de bienestar
Fuente: cronista.com
Autor: Julián A. de Diego
Fecha: 12-01-15
Julián A. de Diego

Los contratos ya no tienen garantías de vigencia indeterminada, el despido sin causa se canaliza a través de contratos a plazo por obra o por tiempo determinado,

Los contratos ya no tienen garantías de vigencia indeterminada, el despido sin causa se canaliza a través de contratos a plazo por obra o por tiempo determinado, se recrearon los períodos de prueba de hasta un año, se admiten despidos colectivos por crisis, en las pequeñas empresas se producen todo tipo de desquicios, se permite degradar o retrotraer derechos de los convenios colectivos a estadios anteriores o se los puede suspender o suprimir, se pueden reducir la jornada y rebajar los salarios, se flexibilizaron los modelos más rígidos y la polivalencia funcional se presupone en muchas categorías convencionales, en un marco donde crece el desempleo y la economía está estancada sin inflación y hasta con deflación. Así se inicia el 2015 en Europa, la cuna del ‘estado de bienestar’.
Nosotros en cambio, en la creencia de que estamos ‘en el paraíso’, con el Estado exhausto que ya no tiene de donde obtener recursos para afrontar el año electoral. No existe conciencia de que estamos es estanflación desde hace más de dos años, que el proceso de deterioro del mercado interno con la destrucción de no menos de 300.000 pymes en los últimos tres años, con la creación de 4.500 cooperativas autoadministradas que se han convertido en vampiros que viven de los subsidios repartidos en función de un clientelismo incontenible, que ahora se quedará sin recursos. Ya no es tan grave el cuadro de situación existente, como la herencia, la enorme mochila que heredará el sucesor.
Ni siquiera se reconoce que el estado del bienestar, el estado benefactor, el estado providencia o sociedad del bienestar caen en picada, sin remedio. Sin dudas todos reconocen que no es una simple crisis sino que es claramente decadencia. Emergen China que junto a los Estados Unidos no tiene un marco regulatorio que le brinda real protección al trabajador. India y países periféricos como Malasia y Bangladesh generan trabajo abandonando a sus ciudadanos al manejo indigno del trabajo esclavo en manos de empresas depredadoras.
El estado de bienestar fue un concepto de las ciencias políticas y económicas con el que se designa a una propuesta política o modelo general del Estado y de la organización social, según la cual el Estado provee servicios en cumplimiento de derechos sociales a la totalidad de los habitantes de un país, a través de importantes recursos contributivos generados por los impuestos. Las condiciones para que el ‘estado de bienestar‘ perdure y se proyecte en el tiempo exigen un mercado interno y externo muy favorables, justamente los dos mercados que se han desplomado para los estados centrales de Europa en lo que va del Siglo XXI. En rigor, se trató de generar mecanismos que disminuyan la desigualdad, eviten la concentración irrestricta de capitales en grandes centros de poder y permitan una distribución llamada ‘equitativa’ de la riqueza. En alguna medida la premisa de Martya Sen que la pobreza crece cuando el crecimiento de la economía de un país es cero o menor que el retorno del capital, es un hecho claro en Latinoamérica, a la que se compara con Alemania, España, Italia, Francia, Gran Bretaña, y Suiza en algunos de sus grandes logros, y no han contemplado las viscerales diferencias que nos separan por un abismo infranqueable.
Resulta claro que un valor transversal que nadie puede evitar, ni los gobernantes ni los políticos, es la necesidad de imponer el principio de inclusión, según el cual, para que sea posible el crecimiento y el desarrollo, el sistema deba contemplar las herramientas y los recursos para que TODOS sin distinción de nivel social, educativo, económico, ni diferenciación de raza, sexo, origen étnico o religioso.
En ese contexto, sorprende que sigan existiendo admiradores de modelos que han fracasado y que piensen en el pasado. Es fácil identificarlos, ya que recurren a viejos remedios que también por causas inesperadas terminan en un nuevo fracaso. Al respecto, sería muy positivo ser realistas, y ello implica que debe diseñarse y ponerse en marcha un nuevo modelo de relaciones laborales, basado en nuevos paradigmas, que no deberían estar atados a los que en Europa llevaron al fracaso el sistema laboral, lo colocaron en crisis en la primera década del siglo, y ahora está en plena decadencia. También deberíamos deplorar el dumping social y los sistemas de explotación del hombre por el hombre. En rigor, la búsqueda del nuevo modelo seguramente está en el centro de todos los extremos.
Ha sido un hábito en nuestro país tomar los arquetipos de otros países y culturas, tratando de trasplantarlas al nuevo. Nuestro país, su cultura y a menudo, su dirigencia política se han ocupado de que dichos modelos fracasen. Así ocurrió desde que volvió la democracia. Raúl Alfonsín, Carlos S. Menem, Fernando de la Rúa, y ahora los Kirchner comenzaron su gestión en forma auspiciosa, generaron algunos destellos de ilusión, y terminaron con fracasos de distinta dimensión.
Hoy estamos en vísperas de un nuevo cambio de ciclo, y verdaderamente sorprende la anomia de los dirigentes, las carencias de los líderes, y sobre todo, la falta de conciencia en el que se deben operarlos cambios en un mundo que no da demasiadas chances para los improvisados. Una recomendación: no sigan admirando los modelos que ya fracasaron.