La educación es un barco que no tiene destino

La educación es un barco que no tiene destino

La educación es un barco que no tiene destino

La máxima de Séneca aplica al destino de nuestro sistema educativo, que no solo ha perdido el rumbo, hoy está inmerso en una crisis de tal magnitud que se ha transformado en decadencia.

Las causas son múltiples, y no solo lo han sido los reclamos y las huelgas sindicales, cuyos daños no tienen perdón, sino que además hemos dejado de lado y prácticamente hemos abandonado los valores fundamentales de la educación.

Los sindicatos de maestros en conflicto ya cayeron en un proceso de autodestrucción, ya que traspasaron el límite de la cordura y la racionalidad, y pasaron al extremo de la extorsión, el fraude, la mentira, y la estafa social, prometiendo algo que es falso. En efecto, los mejores salarios no van a mejorar la educación ni la calidad educativa, solo la van a mantener en el tobogán de caída sistemática, donde premiamos la incompetencia, el ausentismo descontrolado, la indisciplina, la confusa militancia política que todo lo corrompe y lo adultera, y en especial, todos somos un poco cómplices de este proceso que fomentamos sin cambios importantes aceptando en forma tácita el proceso de caída.

Se perdieron valores tales como cierto nivel de exigencia, la doctrina del esfuerzo, el sentido de la responsabilidad, la cultura del trabajo, el espíritu investigativo, el tiempo dedicado a la lectura y a la práctica de operaciones cálculos y fórmulas matemáticas, y en especial el rol de los padres y de la familia junto a los maestros en la enseñanza y en la culminación de los estudios.

La deserción tiene también múltiples causas, pero las más importantes son las carencias económicas y la desintegración familiar.

El ingreso irrestricto ocultó el drama de las carencias de los alumnos egresados del nivel secundario para acceder a la universidad, y le trasladó el problema a cada facultad con innumerables frustraciones.

Se rompió una alianza fundamental: en efecto, mis maestros eran aliados de mis padres para mi educación. Hoy los padres se unen a sus hijos para tomar un colegio en un reclamo gremial o en apoyo de ‘la militancia’.

Los que saben nos hablaban de mejorar todos los días, de hacer todo con tiempo, de leer y leer, de practicar y repetir, de razonar y sintetizar y de aprender a resumir, y a su tiempo, de aprender a estudiar. En rigor, de pensar de lo que pensamos.

Se perdió el sentido de la autoridad. Las maestras y maestros de la escuela primaria eran nuestra guía, los directores tenían prestigio junto a los jueces, su palabra era una orientación para los padres y la familia se integraba y se repartía con ellos las responsabilidades de la enseñanza.

Internet, el whatsapp, el email, las redes sociales, los portales, los contenidos, las páginas, y todo lo que brinda la informática ha transformado nuestra atención, centrada en la conexión, abandonando la comunicación y el esfuerzo por pensar y por analizar lo que pensamos. La amplia disponibilidad de información, que a su vez es irrestricta, nos instala en un mar de conocimientos de poco menos de un centímetro de profundidad, sin ningún esfuerzo, y con una especial heterogeneidad en cuanto a cantidad, calidad, y valor intrínseco y extrínseco. En los celulares multifunción está centrada dos tercios o más de nuestra atención cotidiana.

Navegar por Internet en cualquiera de sus recursos informáticos es sumirse en un mundo sin restricciones, sin autoridad, sin ninguna limitación más que la propia voluntad y la libre disponibilidad del tiempo. De allí la inadaptabilidad de nuestros estudiantes a cualquier forma de orden y de disciplina.

El facilismo, la aprobación de los distintos niveles sin que se hayan logrado los mínimos objetivos, termina produciendo analfabetos estructurales, mínimos vocabularios, ninguna interpretación de texto por falta de lectura, y ninguna noción de aritmética o de ciencias, suplidas por la calculadora o por Internet, y muy pobres conocimientos para afrontar los niveles terciarios y universitarios. Nuestros profesionales se gradúan cada vez con menores conocimientos y muy pobres recursos para afrontar la vida real.

La educación en todos los niveles requiere de una reorganización integral basada en la eficiencia tomando como sujeto central a los alumnos, sumado a la integración con las nuevas tecnologías utilizadas en forma adecuada, y del rescate de las mejores prácticas, tales como la lectura, la práctica de las matemáticas, y la preorientación temática.

El jurista y maestro Werner Goldschmidt (Berlín, 1910 -Buenos Aires, 1987) decía con ironía que “un adoquín dentro de una facultad de derecho en cinco, diez o quince años será abogado”. Para que este presagio no se cumpla, ha llegado la hora de la revolución educativa, con un plan nacional que transforme la educación en una verdadera prioridad, en una verdadera política de Estado.

JULIÁN DE DIEGO

JULIÁN DE DIEGOProfesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA

Reformular la estrategia de los conflictos para salir del caos

Reformular la estrategia de los conflictos para salir del caos

 

Reformular la estrategia de los conflictos para salir del caos

La CGT no puede retroceder una vez que fijó su paro general -sin movilización- para el próximo 6 de abril en el que seguramente tendrá una importante adhesión, no solo porque la comunidad laboral está inquieta y preocupada sino, y sobre todo, porque habrá total acatamiento de la CAT que agrupa a todos los gremios del transporte.

Seguramente una vez realizado el paro general no se habrá logrado ningún cambio, pero en alguna medida la huelga general de solidaridad interpreta la protesta y el clima de protesta, la angustia, y el desasosiego en una economía que no comienza a crecer en forma clara en la observación de los que trabajan en relación de dependencia, que son los que tienen poco resto para resistir como lo pide el Poder Ejecutivo.

Las estrategias de ‘dividir para reinar’, conquistar a unos en desmedro de otros, y la búsqueda de traidores que rompan el frente, es tardía, sobre todo cuando en este momento se ha perdido completamente la iniciativa. El ejemplo lo brinda UTA de Roberto Fernández que recibió la noticia del retiro de la personería a los metrodelegados, y sin embargo, hoy es uno de los impulsores más firmes del paro general del 6 de abril y de la adhesión de la CAT.

El Gobierno nacional perdió una oportunidad única para negociar y avanzar en una serie de ítems que inexorablemente se darán en los próximos meses, si se hubiere articulado la negociación de cúpula con otras herramientas que son liminares y arquetipos al momento de fijar las tendencias.

En ese plano se cometieron errores graves por falta de prevención, y por efecto de precedentes que violan reglas elementales en materia de negociación colectiva. En rigor, el mundo sindical está ligado a todos los planos del gobierno, y en muchos de ellos, no son lo que se puede llamar aliados o amigos confiables.

El mayor agravio no está ligado a la promesa de no despedir que según los dirigentes sindicales no fue cumplida, sino y fundamentalmente en ‘no respetar los códigos’.

Para los que no dominan el lenguaje del mundo sindical, los códigos son reglas no escritas que imponen cumplir con las promesas y en especial, no violar acuerdos que dejen al sector sindical ‘mal parado’ frente a sus propios representados.

En rigor, sigue siendo implacable la frase atribuida a Perón de que los conflictos deben tener “el dirigente a la cabeza, o la cabeza del dirigente”.

Lo más grave de este fracaso en la negociación es que teniendo en cuenta los componentes del complejo enfrentamiento entre el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y los sindicatos de la educación, se contaban con gran parte de los elementos que hubieran generado una solución.

También la CGT perdió la confianza en los interlocutores de la negociación que, en rigor, debieron haber generado un clima de sinceridad y de proximidad para crear las condiciones para debatir muchos de los temas tratados.

En los hechos no lograron esa proximidad, demostraron falta de autoridad y de atribuciones para resolver los temas per se, y a la sazón, no cumplieron con promesas básicas, una vez que regresaban con la respuesta sobre temas debatidos en el seno del gobierno. Los interlocutores nunca entendieron las virtudes de la mesa chica, y la necesidad de prevenir con un Plan B que a menudo es necesario para ganar tiempo, y con ello, lograr puntos de conexión y de encuentro.

Hoy, el capital más importante de la CGT vuelve a ser el mayor temor centrado en la pérdida del empleo que actualmente alcanza a todos los niveles, y no ayuda el proceso de recambio generacional que se está produciendo en muchas organizaciones, y en especial, el desafío de mejorar la productividad -que de por sí implica algún ajuste-combinado con la aplicación de las nuevas tecnologías.

Una vez superado el paro general vuelven las negociaciones a cero, y con ello, resulta imprescindible reabrir el contacto con un voto de confianza que la CGT está esperando.

JULIÁN DE DIEGO

JULIÁN DE DIEGOProfesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA

Cláusulas gatillo, indexación y productividad, nuevas fórmulas para ajustes salariales

Cláusulas gatillo, indexación y productividad, nuevas fórmulas para ajustes salariales

 

Cláusulas gatillo, indexación y productividad, nuevas fórmulas para ajustes salariales

Un caso testigo que se analiza en los posgrados de recursos humanos es el famoso dilema en el que el sindicato reclama el 20% de aumento salarial y la representación empresaria solo cuenta con la mitad de los recursos para pagar el aumento demandado. Sin embargo se ponen de acuerdo porque ambos lograron sus objetivos.

¿Cómo es que se logra uno de los famosos ‘equilibrios de Nush’?

Muy sencillo, el aumento se otorga en forma escalonada, de modo tal que comienza en cero en un tramo inicial, sigue con el 5, 10, 15 y llega en cinco tramos al 20% en el último. Con ello, el sector empresario pagó la mitad que estaba dentro de sus posibilidades y el sindicato logró al final su deseado porcentaje. Al cumplirse quince años de negociación colectiva ininterrumpida (2003-2017), después de más de treinta años de las vicisitudes más diversas (1983-2017), incluyendo diez años de congelamiento (1993-2003), la dinámica y los contenidos se renuevan, en un verdadero cambio de paradigmas.

El caso comentado comenzó a modificarse en las negociaciones del 2012 cuando los gremios trataron de reducir las cuotas y reclamaron porcentajes mayores en las primeras cuotas que en las últimas, con el fin de propiciar alguna ventaja para los asalariados frente al curso de la inflación que horadaba su poder de compra.

Así se había lanzado una suerte de carrera entre precios y salarios con suerte diversa.

Hoy tenemos instalados nuevos componentes no empleados hasta ahora salvo en algún caso excepcional, y ellos son la cuantificación de aumentos pendientes de períodos anteriores, las cláusulas gatillo, el ajuste por inflación de los acuerdos, y la necesidad de dar cabida a las cláusulas de productividad que mejore los bajos estándares que presentan hoy las actividades.

En rigor, la negociación de los bancarios y las distintas opciones que presentaron los gremios de la educación, dejaron planteados nuevas incógnitas y desafíos. Por lo pronto, cuando el Estado ofrece ajustes por inflación dentro del proceso de negociación, está apostando en forma clara al éxito que puede lograr el Gobierno Nacional en el índice del IPC del INDEC, y que la economía logrará generar inversiones de mediano y largo plazo, sumado al hecho de que debería caer el altísimo déficit fiscal existente.

En un escenario global, regional y local complejo e invadido por la incertidumbre, resulta claro que las inversiones llegan en forma lenta y sobre todo, en forma selectiva, y en muchos aspectos resulta claro que las empresas locales no están preparadas para competir con las reglas actuales del mercado y sobre todo aplicando las mejores prácticas internacionales. Como dice Juan Carlos De Pablo, cómo te va no es independiente de lo que haces.

En las negociaciones que comienzan en los próximos días, seguramente los gremios tradicionales vendrán con la misma receta, a saber:

1.  Plantearán el porcentaje que corresponde a la deuda del pasado, que en promedio oscila en el 5,7 a 6%, y que en casos especiales puede llegar al 9 o 10%;

2. Será objeto de una ardua negociación establecer el mecanismo por el cual se pagará el supuesto déficit del pasado;

3. Establecerán un porcentaje a aplicar a las dentro del año, que seguramente oscilará entre el 18 y el 20%, aún cuando existen actividades que registran una importante recuperación, que tienen pretensiones mayores, y que seguramente se pagarán en cuotas periódicas trimestrales o cuatrimestrales;

4. Los gremios pujarán por obtener una cláusula gatillo, según la cual el monto acordado por el año en curso se compare con el IPC del Indec, excluyendo el porcentaje de recuperación, para lograr así un complemento si es que el Gobierno Nacional no logra mantener sus parámetros ideales del 17 o 18%;

5. En cuanto a las cláusulas de productividad, seguramente habrá que introducirlas como parte de las aspiraciones empresarias, como ya lo están haciendo distintas actividades que deben mejorar los rendimientos, las dotaciones y los resultados.

Sin dudas, la negociación colectiva transitará un período de transición hacia la inflación cero, que debe orientarse hacia un país competitivo que modernice con innovación y equilibrio su modelo de relaciones laborales.

JULIÁN DE DIEGO

JULIÁN DE DIEGOProfesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA

COMPENSACIÓN Y CLÁUSULA GATILLO, CLAVES DE LAS PARITARIAS QUE VIENEN

En abril comienza la temporada alta de paritarias y dado que encontrará a los distintos sectores en situaciones muy diferentes, los especialistas creen que volverá a darse un escenario de mucha dispersión en los acuerdos. La cláusula gatillo tuvo protagonismo en las principales negociaciones que se dieron en lo que va del 2017  (…)

Cláusula gatillo

(…)

El abogado laboralista Julián de Diego, titular de un estudio que tiene entre sus clientes a grandes empresas del país, tanto para el Gobierno como para los empleadores del sector privado el gatillo es una herramienta “de doble filo”. “Tiene la ventaja de vaciar de contenido económico y reivindicativo las aspiraciones sindicales, porque le garantiza a los trabajadores que van a tener como mínimo los mismos salarios, con un valor constante, que tuvieron el año pasado. ¿Cuál es el peligro? No es una cláusula gatillo que permite negociar sino que dispara automáticamente la actualización por la comparación con el IPC del Indec. Entonces, si el Gobierno tiene éxito con la inflación, el 18% va a alcanzar y va a sobrar para pagar todos los salarios. Pero si no tiene éxito se va a transformar en un desbarajuste”, especuló.

Porcentajes estimados

(…)

Está claro que los distintos sectores han tenido una evolución muy heterogénea en los últimos meses. Para de Diego las actividades más golpeadas estarían dispuestas a firmar 21% de aumento para todo el año, mientras que los sindicatos en mejor situación aspirarán por los menos a alcanzar el 25%. “Es decir que el rango ya no es de entre el 18% y el 20% como pedía el Gobierno, sino que estamos hablando de entre el 20% y 25%”, señaló.

http://www.eleconomista.com.ar/2017-03-compensacion-y-clausula-gatillo-claves-de-las-paritarias-que-vienen/