El anclaje salarial desafía a la inflación y permite recuperar la política de cada empresa

Los acuerdos salariales se abroquelan en aumentos pautados por el Gobierno Nacional, en el 15% que se liquidan en dos o tres cuotas, para finalmente llegar a una cláusula de revisión donde se compararán los aumentos con el IPC del INDEC para acordar, si existiera, la diferencia entre ambos.

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Martes 03 de abril 2018
Es un logro inclaudicable de la política oficial que los aumentos se ubiquen detrás de la inflación, como una forma de atenuar sus efectos, en lugar de adelantar los aumentos salariales que se transforman automáticamente en una de las causas junto a otras que generan inflación.

Existen algunas amenazas concretas generadas por los gremios de la CTA como ATE, por gremios inspirados o apoyados por grupos de izquierda como el Partido Obrero, el PST, la CCC y el nuevo MAS. A su vez y dentro de los llamados tradicionalmente como sindicatos justicialistas, la oposición está liderada en el contexto de un virtual aislamiento por los reclamos de Hugo Moyano en camioneros y por Sergio Palazzo en bancarios.

Todos ellos promueven la clara disrupción sin mayor fundamento que el voluntarismo de romper el molde y destacarse por no aceptar el nuevo contexto nacional y regional. En cualquier caso, el Ministerio de Trabajo ha adoptado la postura de autorizar aumentos a cuenta cuando una negociación se prolonga sin ajustes en el ingreso real de los trabajadores comprendidos, lo que provoca dos efectos interesantes.

El primero es que vacía de contenido parte del reclamo, de modo que el sindicato que afronte este tipo de estrategias se va desvalorizando paulatinamente. El segundo efecto, y éste quizás sea el más significativo, es que en definitiva, en ese tipo de coyunturas, es el Gobierno Nacional el que concede la autorización para el aumento de emergencia, quitándole a las partes el protagonismo que no deberían perder a la hora de discutir los salarios convencionales de cada actividad.

El anclaje o cepo salarial temporario vuelve a instalar los básicos de los convenios colectivos como los mínimos profesionales, por encima del mínimo interprofesional constituido por el Salario Mínimo Vital y Móvil, que a partir del segundo semestre será de $10.000, (la mitad de la canasta familiar para una familia tipo según el INDEC).

A la vez se rehabilita la meritocracia, por medio de la cual se pueden establecer bandas salariales en una grilla que también admite segmentos yuxtapuestos, que ya no se miden por la variable de la inflación, sino por diversos modos de evaluación. Desde la vieja trama del desempeño, pasando por los sistemas más sofisticados, donde se combinan evaluaciones individuales 360, recompensas individuales o por equipos por productividad o por objetivos, y otros. En rigor, las empresas líderes han tratado de preservar dos ajustes anuales, uno en el primer cuatrimestre, preferentemente en marzo o abril, y un reajuste de revisión en septiembre u octubre coincidiendo con el último cuatrimestre. En ambos, los componentes son dos, uno fijo ligado a los aumentos convencionales o por inflación, el otro variable, ligado al desempeño en sus diversas facetas y subsistemas.

El modelo, por ahora idílico puede quebrarse solo y únicamente si fracasa el Gobierno Nacional en su campaña contra la inflación. En tal caso, todos los pronósticos generarían una frustración, y en ese sentido es dable advertir que el programa tiene importantes inconsistencias, destacando la más importante que la generan los tarifazos, que a la vez afectan la cadena de valor y de la cadena formadora del precio, en cada uno de los segmentos del proceso productivo y de distribución mayorista y minorista. Con la inflación estimada del primer trimestre ya se habría consumido casi dos tercios del 15%, teniendo en cuenta, que la apertura de los ajustes se concreta en forma escalonada. Este fenómeno nos previene de otra posible consecuencia inesperada que es la de la denuncia de los convenios ante tempus firmados para buscar un aumento de emergencia acorde con el desborde inflacionario.

El proceso iniciado con el anclaje salarial tiene claramente dos faces, y la primera ya está al borde del nivel crítico, pero la segunda face puede rehabilitar los perjuicios iniciales y prevenir un año 2019 promisorio, si se hacen a tiempo los cambios esenciales que es necesario hacer para que el plan no tenga más inconsistencias que frustran los objetivos aspiracionales.

Por Julián A. de Diego.
Director del Posgrado en RR. HH. Escuela de Negocios de la U.C.A.