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10 julio 2018

La renta universal, un salario digno para los desempleados tecnológicos

Los progresos tecnológicos demandaron décadas para evolucionar y dar paso a la siguiente etapa. Pensemos solamente en la energía, desde la máquina de vapor (Siglo XVI y XVII), luego la energía eléctrica (Siglo XIX), la energía nuclear (Siglo XX) y ahora la energía eólica y la solar fotovoltaica (Siglo XX y XXI).

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Martes 10 de julio de 2018
Estos y otros inventos y descubrimientos han generado hoy una carrera por los avances tecnológicos que incluyen robótica, automación, informática y ahora inteligencia artificial. Sin dudas, la mayoría de los procesos industriales y de servicios son controlados por complejos programas, que cada vez utilizan menos cantidad de personas trabajando como dependientes o como profesionales independientes.

Se afirma que inexorablemente dos tercios o más de la población del mundo no tendrá empleo por medio del cual generalmente se obtiene el salario alimentario o de subsistencia. La tecnología creará nuevos emprendimientos, tendrá un crecimiento desmedido, pero se concentrará en pocas corporaciones u organizaciones globales supranacionales. Habrá crecimiento con distribución totalmente inequitativa, lo que provocará pobreza y desempleo.

Así nación una teoría, en principio inaugurada por Sam Altman (inventor y emprendedor), que junto a Elon Musk (Tesla-SpaceX) en la Fundación OpenOl que propicia la creación de un fondo universal desde el cual se abone a la nueva clase de desocupados tecnológicos una suma tal que se asegure una supervivencia digna. Este impuesto, recaudado a nivel global, debería complementarse con otros beneficios y prestaciones suplementarias en cada país.

El subsidio universal sería no contributivo y no habría ningún tipo de contraprestación de parte del beneficiario, según las ideas de Altman. Sin embargo, se discuten y debaten actualmente cómo se financiaría el sistema, como se pagaría, quienes serían los beneficiarios, y si deben asumir alguna actividad o responsabilidad.

Actualmente son defensores de la renta básica, sin perjuicio de diferencias en cuanto a su implementación y respecto de su justificación filosófico-política, Daniel Raventós, Osmo Soininvaara, Jeremy Rifkin, Bruce Ackerman, Florent Marcellesi, Yanis Varoufakis, Philippe Van Parijs, Gabriel Stilman, Juan Carlos Monedero, Ramón Espinar Merino , Alejandro Bonet y Byung-Chul Han.

Las preocupaciones acerca de la automatización y otras causas de desempleo tecnológico han llevado a muchos en la industria de alta tecnología a las propuestas de ingresos básicos como una consecuencia necesaria de sus modelos de negocio.

El New York Times destacó el cambio de la “elite tecnológica” hacia estas ideas con un artículo en la revista Vice , que citó a figuras tales como Marc Andreessen, Sam Altman, Peter Diamandis (Singularity University), Mark Zuckerberg, Bill Gates y Jeff Bezos consideran adecuada la Renta Básica para amortiguar los efectos de la crisis en términos de desigualdad y para afrontar la inevitable automatización del futuro inmediato.

En el año 2015, el gabinete del Primer Ministro finlandés, Juha Sipilä, anunció la implantación, de forma experimental durante los años 2017 y 2018 de un proyecto piloto de Renta Básica Universal para evaluar los resultados en 2019. Proponía un presupuesto de 20 millones de euros, unos 560 euros mensuales, para todos los desempleados registrados en 2016, aproximadamente un 10 % de la población activa. Su costo representaba el 1 % del PIB inicialmente y se consideró que podría alcanzar el 5 %.

En Utrecht, Holanda se tomó la iniciativa a comienzos de 2017 y tendrá dos años de vigencia. Involucrará a 250 ciudadanos holandeses que recibirán una asistencia oficial de 1.100 dólares mensuales. Aunque esos son los números promedio. Porque existen seis grupos con distintas retribuciones y requerimientos. En uno de ellos, por ejemplo, pueden conseguir 161 dólares adicionales al mes, si realizan trabajos de voluntariado. En otro, sus integrantes pueden acceder a proyectos empresariales concretos y en funcionamiento de la ciudad, con los que pueden rentabilizar sus ingresos, pero deben devolver una parte de esos beneficios en caso de que decidan no cooperar con programas filantrópicos.

En Ontario, las autoridades de este estado canadiense han presupuestado 19 millones de dólares a replicar el experimento de Manitoba, en vigor desde 1970. Los planes oficiales, todavía en fase de estudio, incluyen renta básica y provisiones de fondos, y establece las exigencias que deben cumplir los beneficiarios de la misma.

En la India comenzó con la puesta en marcha de experimentos, en diversas ciudades, como el de su Estado de Madhya Pradesh, en el que, desde 2010, más de 6.000 personas reciben una pequeña aportación mensual durante 18 meses. En octubre de 2016, el equipo económico de Nueva Dehli anunció que la RBU empezaría a integrarse en la estructura económica de la mayor democracia del mundo y, desde comienzos de este año, una comisión parlamentaria específica tiene encomendada la tarea de encontrar la fórmula de expandirla por todo el país.

En Argentina tenemos la Renta Universal para más de cuatro millones de beneficiarios insuficiente para poder sobrevivir y creada para combatir la pobreza, que seguramente podrá adecuarse en el futuro, para que lo cobren los desocupados de las nuevas tecnologías en niveles de ingreso satisfactorios.

Por Julián A. de Diego.
Director del Posgrado en RR. HH. Escuela de Negocios de la U.C.A.

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