El monstruo del Estado avanza sobre la actividad privada

Como el Leviatán, el Estado devora todo lo que encuentra a su paso, y con ello hoy avanza sin piedad sobre toda la actividad privada, agobíandola con la presión fiscal y los tarifazos, y propiciando la recesión.

Publicado en El Cronista, martes 22 de enero de 2019
La respuesta no ha tardado en aparecer como la más natural, y ésta es que las empresas, salvo excepciones han resuelto reformular sus negocios en la Argentina, restringiéndolos, achicando su estructura, dejando solo una oficina de representación o sencillamente, retirándose las inversiones del país, cubriendo las necesidades con importación desde mercados más competitivos.

El Leviatán del Estado no es ni por asomo el del libro de Thomas Hobbes (1651) donde el hombre abandona su estado de naturaleza para crear un contrato social que le permita vivir y convivir armónicamente en una sociedad libre y con derechos. En su libro reafirma el absolutismo político, a pesar de que en su pensamiento aparecen conceptos fundamentales del liberalismo tales como el derecho del individuo, la igualdad natural de las personas, el carácter convencional del Estado distinguiéndolo de la sociedad civil, y la legitimidad representativa y popular del poder político. ​ El ser humano como dependiente de las leyes de la materia y el movimiento materialista son valores esenciales como la noción de la cooperación humana basada en el interés personal.

Muy lejos de las honduras filosóficas relativas a la función del Estado y sus atribuciones, con las reglas actuales, donde las reformas estructurales comprometidas no se han realizado, donde el déficit fiscal está en rojo, donde el gasto público aumenta en el contexto de las próximas elecciones, y donde aumenta el monto y la presión impositiva en un país con crédito usurario legalizado, el resultado final para los inversores se puede sintetizar en el downsizing, o sea un estado de reorganización sistemático y sistémico, último recurso cuando las condiciones económicas financieras o tecnológicas tornan inviable la producción de bienes o de servicios en un país o región determinada, como es nuestro caso.

Incertidumbre, recesión y alta inflación (estanflación) inseguridad jurídica, cambios inesperados en la carga impositiva, y una importante devaluación han cerrado el círculo de las perspectivas.

Lo cierto es que más de dos tercios de las empresas que operan en nuestro país se han lanzado a cerrar sus puertas, a desprenderse de los negocios, a reducir la estructura para evitar mayor exposición al riesgo de una quiebra, y de pérdidas irremediables fuera de control.

En las pequeñas compañías se tienen cifras verdaderamente inigualables de cierres de sucursales, de oficinas y hasta de centros de producción.

En las medianas y grandes, con mayor respaldo se están afrontando retiros voluntarios, procedimientos de crisis, y procedimientos de reestructuración productivos.

En empresas señeras en el desarrollo de establecimientos productivos se están vendiendo los negocios a empresas locales que luego de la fusión hacen una fuerte reestructuración, y en otros casos, directamente se cierran los centros productivos para dejar todo en manos de la oferta global de las importaciones.

El goteo o sistema de micro despidos, la simplificación o anulación de turnos de producción, la jornada reducida por crisis, y la reformulación de los convenios colectivos, las suspensiones concertadas, la tercerización y la contratación de fazones, y la eliminación de los servicios eventuales, son pasos previos a un ajuste mayor. De hecho, vemos como las empresas que hacen importantes reestructuraciones ya tienen en sus planes de corto plazo el cierre de las operaciones, y el surtido de los productos importados a través de distribuidores o representantes.

En los próximos meses las empresas de los más variados rubros, aún cuando en general son industriales o de servicios de productos primarios y de bienes de primera necesidad, desarrollarán un proceso de reestructuración que va a gravitar en forma negativa sobre los niveles de desempleo y de subempleo.

Aumentarán las desvinculaciones por vía de los procedimientos legales. Recordemos que hace más de siete años que el total de trabajadores de la actividad privada registrada por el AnSeS no supera los 6.200.000 trabajadores.

El único que crece, en un contexto de ineficiencia y de militancia partidaria es el empleo público.

Si el trabajo no registrado o clandestino aumenta es un dato incomprobable, y no existen dudas, de que el empleo seguirá congelado. A su vez, los subsidios crecieron en monto y en Es de esperar que este cuadro afecte también la negociación colectiva, que en estos momentos están realizando el último ajuste del 2018 por vía de las cláusulas de revisión.

El escenario compromete el primer semestre, y solo un milagro inesperado puede cambiar la tendencia, sobre todo con el espacio que ocuparán los relatos de la campaña electoral.

Todavía existe una última oportunidad de hacer importantes reformas estructurales que cambien la dirección de la economía, entre las cuales está la reforma laboral integral, para que con ello mejoren los niveles de actividad y se promueva en forma genuina el empleo.

Por Julián A. de Diego.
Director del Posgrado en RR. HH. Escuela de Negocios de la U.C.A.