La CGT desafía los ajustes salariales y la reforma laboral

Un grupo con el rol de los combativos y desafiantes, otro grupo con la postura reivindicativa pero con apertura a la negociación, y un tercero, que hará el papel de mediador.

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Martes 23 de enero de 2018
Como un calco, el triunvirato muestra las internas de la CGT que todavía se mantiene unificada, pero sin dudas, vuelven a operar con la figura del malo, el bueno y el mediador.

El primero es el que toma la iniciativa de amenazar con ciertas medidas si no se cumplen otros tantos objetivos, los buenos son los que siempre mantienen los vínculos con la utopía de lograr un acuerdo favorable. El mediador es el que promete resolver la encrucijada con un marco previamente acordado con el malo y con el bueno, que en definitiva son sus mandatarios.

La CGT vuelve a desplegar su modelo clásico con el objetivo de lograr un nuevo enclave con el Gobierno Nacional que posibilite paritarias relativamente libres, con un margen amplio dependiendo de cada actividad, y una reforma laboral restringida a algunos capítulos de beneficio común, como el blanqueo laboral.

El grupo liderado por Hugo Moyano unifica al grupo combativo con Juan Carlos Schmid, Carlos Acuña, Oscar Maturano, Sergio Palazzo de la Asociación Bancaria. Es una incógnita quien o quienes serán los mediadores.

Repasando la historia, en el gobierno de Raúl Alfonsín, Ubaldini (cerveceros, levadura) como líder de la CGT Brasil junto a los 25, las 62 Organizaciones Peronistas y Lorenzo Miguel y contra la CGT Azopardo, y Jorge Triaca (padre) y Oscar Lescano negociando.

En el de Carlos Menem, la CGT Azopardo con Rodolfo Daer y la CGT San Martín disidente con Hugo Moyano, y al finalizar el período Luis Barrionuevo con la CGT Azul y Blanca, y la mediación de Oscar Lescano, Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo.

En el gobierno de De La Rua, con la CGT Azopardo de Rodolfo Daer, y el MTA de Hugo Moyano, que ya se había creado en el gobierno anterior, que impugnó la Ley Flamarique, por presunta corrupción.

En el gobierno de los Kirchner, con la CGT oficialista con Hugo Moyano en un triunvirato con Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingieri (Obras Sanitarias) en la CGTRA y luego con Antonio Caló, y la división de los gordos, dentro de las internas, con los gremios no kirchneristas.

En la actualidad, el triunvirato de Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña mantiene unificado el movimiento obrero, con confusas internas entre los combativos, los negociadores, y los neutrales.

La estrategia es una réplica en cada período, con ligeros cambios propios de la diversidad de circunstancias.

El Poder Ejecutivo ha desplazado la reforma laboral a las sesiones ordinarias del Parlamento, por falta de acuerdo con la CGT unificada, y sobre todo, por las disidencias que crecieron en torno de los sectores más duros y combativos.

El planteo actual de la mayoría de los dirigentes gira en torno del crecimiento de las frustraciones sobre ciertas expectativas, y en particular, por haber avanzado por razones presupuestarias sobre el haber de los jubilados y de los planes sociales. Otro tanto ocurre con la inflación, las tarifas, y los movimientos del dólar y de los intereses.

En síntesis el clima empeoró, favoreciendo al ala crítica y combativa de la CGT y a la postura más dura, que a la vez fue interpretada por Miguel Angel Pichetto y los legisladores opositores.

Es de esperar que la dilación de los cambios estructurales del mundo laboral genere una nueva estrategia del Poder Ejecutivo para afrontar reformas estructurales que son esenciales para seguir avanzando en el proceso de cambio que se ha resuelto afrontar, teniendo en cuenta que todavía están por verse la lluvia de inversiones, todavía insuficientes.

Por Julián A. de Diego.
Director del Posgrado en RR. HH. Escuela de Negocios de la U.C.A.