La negociación colectiva de salarios, con fuerte intervención estatal y a la deriva

“Habiendo realizado el estudio correspondiente, se han precisado estándares de adecuación salarial que no requieren de mayor debate entre las partes ni obligan a un control exhaustivo, dentro de los márgenes de competencias del Ministerio de Trabajo”. “Que las recientes mediciones efectuadas por el INDEC han arrojado una variación coyuntural del índice de inflación de precios, (mayo 2018)”.

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Jueves 21 de junio de 2018
Así se expresa la vocación del Gobierno Nacional dentro del decreto reglamentario 508/2018 que estableció el 5% de aumento voluntario pagadero en dos cuotas de 2,5% no acumulativos.

La norma se expidió conforme al art. 99 de la Constitución Nacional donde el Presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones: 1. Es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país. 2. Expide las instrucciones y reglamentos que sean necesarios para la ejecución de las leyes de la Nación, cuidando de no alterar su espíritu con excepciones reglamentarias. En función de la norma citada, la fijación del 5% no es atribución del Poder Ejecutivo, sino una facultad exclusiva de las partes signatarias de los convenios colectivos.

La negociación libre de salarios puede ser una quimera, sin embargo, en base a sus principios seguimos negociando los salarios entre sindicatos y la representación empresaria, con cierto equilibrio tripartito en conjunto con el Poder Ejecutivo. Desde su reactivación en el año 2005 hasta la fecha, puede ser que se haya experimentado una falacia, pero lo cierto es que con pautas siempre emanadas directa o indirectamente desde el Estado Nacional, adecuadas por los negociadores a las circunstancias y necesidades de cada momento, y al poder de daño como medio de presión que tuviere cada gremio en particular.

La Ley 14.250 de convenios colectivos, fue diseñada en base a los paradigmas de la posguerra, inspiradas en los modelos corporativistas cuya máxima expresión fue el gobierno de Benito Mussolini (1923-1945) donde el modelo de poder se ejercía desde la figura del Duce, quién arbitraba la atribución de representatividad de cada grupo corporativo desde la visión de una tiranía y dictadura antidemocrática.

 Para ello  laboral se establecieron principios esenciales mediante la llamada “carta del lavoro” considerado por muchos como la expresión más clara del corporativismo en el plano de las relaciones laborales. La personería gremial y el unicato o sindicato único y la negociación colectiva centralizada sujeta a la homologación del Poder Ejecutivo son dos de las expresiones de este modelo.

El modelo llegó a su máxima expresión en los años 2005/2015, cuando en forma rotativa distintos sectores gremiales se aliaron con el Gobierno Nacional de turno, y con ello, llevaron por ejemplo el Salario Mínimo Vital y Móvil a una actualización que fuera superior a la inflación. Con ello, la negociación colectiva tenía una variable que empujaba los aumentos en niveles superiores a la inflación, en particular para los que tenían los ingresos en el cuartil inferior de la escala.

En todos los casos, la negociación colectiva fue víctima de algún tipo de dirigismo, ya que en todos los casos, se pensaban en pautas de referencia, sea la inflación como ocurrió durante el Gobierno de los Kirshner, o se suspende si no tiene motivación como ocurrió en la década los 90´ durante la vigencia de la convertibilidad.

En esta nueva etapa, parece que la negociación de salarios ingresarán al seno de un pacto tripartito, donde el Estado a través del Ministerio de Trabajo o de la Jefatura de Gabinete procura establecer ciertos límites, alineados con su política económica. A su vez, los sindicatos buscan reflejar la inflación y alguna recuperación, y las entidades empresarias y las grandes empresas procuran acotar los límites dentro de costos competitivos. La combinación de estos tres componentes determinan el acuerdo de cada actividad o empresa.

Mientras la inflación sean tan importante protagonista, como lo es hoy, todo va a girar en torno de enfrentar sus consecuencias, y seguramente, atacar sus causas para vencerla. Las herramientas para la transición son tres, a saber:

  1. Que los salarios adquieran variabilidad ligada a la productividad y se abandone la retribución fija por hora por día o por mes;
  2. Que se abandonen viejos recursos contrarios a la meritocracia como son los adicionales incrementales por antigüedad o los adicionales fijos que carecen de relación con los resultados; y
  3. Que se incorporen todos los mecanismos que permitan vincular la productividad con las nuevas tecnologías, en donde se sintetiza nada más y nada menos que el presente y el futuro.

Por Julián A. de Diego.
Director del Posgrado en RR. HH. Escuela de Negocios de la U.C.A.