El estancamiento del empleo y la amenaza de la desocupación

Por más de seis años el empleo registrado privado no se ha movido de un total de 6.200.000 puestos de trabajo, y como veremos, no se puede apreciar que el nivel de desempleo se mantenga en el 9,6%, cuando se necesitan unos 200.000 puestos nuevos por año solo para cubrir el crecimiento vegetativo, o sea, por los jóvenes que se incorporan al mercado deducidos los que lo abandonan.

Publicado en El Cronista, martes 4 de diciembre de 2018
En el mes de septiembre se cayó a 6.185.900, a pesar de que se incrementó el registro de monotributistas en un 1% mientras que los autónomos cayeron un 0,7%, y las trabajadoras de casas particulares registradas creció 4,5%.

En el sector público, en donde deberían haberse congelado las vacantes y se debía reestructurar los ministerios unificados, el empleo sigue sin cambios, con el record del más de 3.160.000 agentes. Si computáramos solo las bajas generadas por jubilaciones, renuncias, fallecimientos, etc., la dotación del Estado en general debería caer por año en un 7%, o sea aproximadamente unos 200.000 agentes por año. Sin embargo, el nivel no ha dejado de crecer y se mantiene firme sin ninguna mejoría en cantidad y en eficiencia en general.   La mentada austeridad del estado nacional provincial y municipal brilla por su ausencia, salvo alguna honrosa excepción.

Las suspensiones por falta o disminución de trabajo que crecieron significativamente en el sector privado durante el 2018 preanunciaron la caída del empleo que ahora se verifica en los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Coinciden los datos con las encuestas que revelan que uno de los mayores temores es a la pérdida del empleo, dadas las actuales circunstancias, en donde lograr la recontratación lleva más de un año.

Es más, en un contexto de estanflación (inflación + recesión) el efecto esperado inevitable, es la caída del empleo junto con la pérdida del valor adquisitivo del salarios, que está retrasado en el año respecto de la inflación en más de un 12%.

En la economía clandestina se observa, según las mediciones de las consultoras más reconocidas algún crecimiento, que como ya se ha reconocido, es el refugio de las pequeñas empresas cuando los recursos no alcanzan para pagar salarios cargas sociales e impuestos, y la presión fiscal está al máximo nivel y no ceja.

Hoy llama la atención, que en actividades de mano de obra intensiva como las empresas digitales o el turismo nacional e internacional, no se hayan tomado medidas concretas que aumenten la motivación, y aceleren el proceso decisorio para contribuir con mejores inversiones. Por ejemplo, incentivar y promover en cursos prestablecidos la capacitación en lapsos breves, con salida laboral inmediata, reglamentar el tax free que rige en muchos países eximiendo del impuesto o haciendo una devolución del IVA a los extranjeros que visitan como turistas nuestro país, en los destinos de cuatro temporadas incentivar las épocas de baja concurrencia, crear otros incentivos para los que viven en países limítrofes, tratando de fortalecer la tendencia.

En rigor, las distintas áreas del gobierno reaccionan en forma tardía o ex post facto frente a las necesidades y requerimientos de cada sector.

En algunos sectores existe una clara preocupación por la imagen, y ninguna por las consecuencias negativas que determinadas decisiones generan sobre las personas o sobre la comunidad. La imagen es el efecto directo de los hechos reales que se verifican en la realidad. La verdad es difícil de ocultar o de encubrir ´por medio de un ardid político o de un camuflaje  o enmascaramiento circunstancial.

La reconstrucción del mercado interno demanda confianza, mantenimiento de reglas de mediano plazo, incentivos que generen motivación y persistencia en los objetivos generales, también en materia laboral.

Por ende, con la reforma laboral pulverizada por los vaivenes de la política laboral, los nuevos índices de actualización de las jubilaciones y pensiones, postergar el mínimo no imponible del ámbito previsional, la incidencia del impuesto a las ganancias de 4ta. Categoría, la arbitrariedad con que se manejan ciertos subsidios que generalmente llegan en forma tardía, la caída del empleo, el crecimiento obvio del desempleo, la pérdida del valor de los ingresos de los convenios colectivos y la virtual desaparición de la cartera de trabajo evidencian que el segmento laboral y social está siendo  postergado y carece hoy de prioridad para las políticas generales de Estado.

Por Julián A. de Diego.
Director del Posgrado en RR. HH. Escuela de Negocios de la U.C.A.