La reforma laboral, fuera de la agenda electoral

Nuestro modelo de relaciones laborales y el marco regulatorio son arcaicos, y las reformas lo retrogradaron de modo tal en más de un 80% entraron en desuso, preanunciando a su decadencia terminal.

Publicado en El Cronista,  de junio de 2019
No existe en nuestro derecho laboral ninguna referencia a las nuevas tecnologías y a las nuevas formas de organización del trabajo.

Contribuye también a la crisis del empleo la estanflación (inflación + recesión), la caída de los niveles de actividad, la falta de inversión y de crédito, la astringencia monetaria, la especulación financiera, y en particular el cierre o achicamiento de las pymes. En cuanto a los niveles salariales de convenio, en general han retrocedido en los último dieciocho meses más del 15% en promedio.

El costo bruto argentino duplica o triplica los del resto de los países de Latinoamérica, tenemos los mayores impuestos al trabajo a nivel global y un régimen perverso de indemnizaciones multas y recargos por trabajo supuestamente no registrado, baja productividad sobre todo por acciones sindicales, y fracasaron sistemáticamente las últimas reformas laborales, en particular por efecto del bloqueo de la oposición.

La reforma laboral, previsional y fiscal se han convertido en un tema clave para la futura plataforma electoral, y nadie se hace cargo de la elaboración de una agenda indispensable para el relanzamiento de la nueva matriz argentina.

Hoy estamos pagando el precio de los errores de los últimos años. Entre abril de 2018 y abril de este año se perdieron 266.000 puestos en empleos registrados. Las caídas más marcadas se localizaron en la industria 5,8%; comercio y reparaciones 3,9%; transporte y comunicaciones 3,3% y construcción, en todos los casos respecto de marzo de 2018.

En el segmento asalariado en relación de dependencia cayó 2,6% interanual con 6.160.000 de trabajadores registrados. Los datos de abril para el sector privado el empleo mantuvo una tasa de caída de 2,6% para el total de los aglomerados urbanos relevados por Trabajo; más intenso en el Gran Buenos Aires (2,9%) que en el interior del país(1,7%), por efecto principalmente de la reactivación de la producción de la economía agrícola pampeana, y de la rama energética, vinculada con la explotación del reservorio de Vaca Muerta.

Se trató de la séptima declinación consecutiva, tanto en el cotejo intermensual corregido por estacionalidad como en la comparación del año previo, y acumuló 15 meses por debajo del máximo de la serie registrada en diciembre de 2017. En ese contexto más de seis millones de menores están en la pobreza y casi un millón y medio padecen hambre, (Deuda Social, UCA).

Todos los meses desde hace más de un año y medio se desplazan los trabajadores que pierden el empleo y los potenciales trabajadores dependientes,  al mercado negro, al trabajo autónomo económicamente dependiente, al trabajo independiente de los emprendedores, al empleo en fraude de la ley del empleo público, y a las nuevas formas de trabajo humano dentro de las economías colaborativas como Uber, Rapi, Grovo, Pídalo Ya y Cadify.

Parece que resulta claro que estamos en una verdadera situación de emergencia ocupacional, combinada con un proceso simultáneo de transformación del trabajo humano, por la interacción de las nuevas tecnologías, y en especial por la demanda de un nuevo horizonte generado por la economía y los mercados colaborativos.

No existen candidatos ni partidos que exhiban la agenda de reformas estructurales e institucionales. Hasta ahora todos son escarceos electorales, sin ideas, sin proyecto, sin propuestas.

Entre los cambios esperables tenemos: 1. El trabajo con las nuevas tecnologías, como el home office y el teletrabajo y en la economía del conocimiento tanto de la era digital como la era pos-digital con la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial; 2. Modernización de los institutos centrales como son la contratación, la jornada, los descansos, la remuneración y en general los deberes y derechos de las partes; 3. La creación de alternativas en el pago y financiamiento de las indemnizaciones por la extinción del vínculo, y reformulación del seguro de desempleo; 4. Un régimen especial para empresas de menos de cincuenta trabajadores; 5. Un régimen de reglamentación del derecho de huelga incluyendo las asambleas; 6. La modernización de la negociación colectiva, el orden de prelación y de prevalencia de las normas, y las vías habilitadas de disponibilidad colectiva; 7. La democratización del modelo sindical y los sistemas de participación en la vida interna; 8.  La reformulación de las cargas sociales y de los impuestos al trabajo, en especial los aportes y contribuciones previsionales y el impuesto a las ganancias; 9. Despliegue de herramientas contra la economía clandestina, incluyendo la estatal, y bancarización del pago de salarios y cargas sociales por vía informática a todo nivel.

En rigor, la suerte es una buena preparación al encontrarse con una oportunidad (Séneca) y tal vez esa sea la gran oportunidad del próximo gobierno, en un contexto de extrema necesidad de generar empleo como es la que ya fluye en estos momentos y estallará como la máxima prioridad por la demanda social generalizada.

Por Julián A. de Diego.
Director del Posgrado en RR. HH. Escuela de Negocios de la U.C.A.

El Cronista 11.06.19 - Julián de Diego, Punto de Vista