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LaborNet Nº 841 “Smart contracts”, o contratos inteligentes. La influencia de Uber a través de aplicaciones informáticas

I. Introducción

 Uber es una aplicación informática que convierte el contrato de transporte de personas en un smart contract o contrato inteligente, que en función de un programa aportado por un tercero permite concertar y ejecutar acuerdos entre el chofer o transportista y el cliente o transportado, previendo la gran mayoría de las circunstancias a través de las cuales se opera en la materia.

Cuando ingresamos a la página activa de un supermercado para realizar el pedido, estamos utilizando un modelo de smart contract o contrato inteligente de compraventa, donde nos conectamos por Internet, seleccionamos productos, tenemos precios, descuentos, promociones y condiciones de pago, compramos, pagamos y luego recibimos aquellos en un domicilio con día y horario seleccionados. También en este caso se prevén la mayoría de las hipótesis de intercambio y se brinda solución, garantías de calidad y derecho a la devolución de ciertos productos (principio de satisfacción garantizada).

Los smart contracts o contratos inteligentes son aplicaciones informáticas que permiten diseñar, organizar, establecer procesos y prever consecuencias, de modo tal que quienes los aplican tienen previstas todas las posibilidades que generan el cumplimiento y las vicisitudes de un acuerdo entre partes. Todo ello garantizado a través de algoritmos que prevén todas las contingencias, tal como opera Uber.

El contraste es singular si tomamos en cuenta que el contrato tradicional es estático, rígido y mediato, mientras que el contrato inteligente es dinámico y ofrece un sinnúmero de alternativas por las cuales se opta en el momento de realizar la operación, de modo tal que incrementa en forma sustancial las posibilidades de concertar la operación y la facilita. Es también inmediato en lo que hace al tiempo de concertación, que se realiza en forma instantánea ni bien la contraparte ha encontrado todas las opciones que la satisfacen dentro de alternativas preexistentes.

En el ámbito del derecho del trabajo pensemos, por ejemplo, en el contrato de temporada, contenido en una aplicación informática donde todo está previsto, garantizándole al trabajador el cobro de sus salarios y sus ajustes, las condiciones de trabajo, generando automáticamente la convocatoria a cada temporada, y estableciendo los mecanismos de extinción, asegurando las indemnizaciones que pudieren corresponder.

Otro tanto podría haber con un contrato de plazo fijo, previendo con claridad el objeto del mismo que por su naturaleza y cumplimentación determine el plazo predeterminado, asegurando el salario y sus ajustes, las condiciones de trabajo, y las fórmulas que hacen a la extinción.

Un contrato inteligente es un programa que vive en un sistema no controlado por ninguna de las partes, o sus agentes, y que ejecuta un contrato automático el cual funciona como una sentencia if-then (si-entonces) de cualquier otro programa de la computadora. Con la diferencia de que se realiza de una manera que interactúa con sujetos activos reales. Cuando se dispara una condición pre-programada, no sujeta a ningún tipo de valoración humana, el contrato inteligente ejecuta la cláusula contractual correspondiente en cualquiera de sus etapas.

Tienen como objetivo brindar una seguridad superior a la ley de contrato tradicional y reducir costos de transacción asociados a la contratación. La transferencia de valor digital mediante un sistema que no requiere confianza (p. ej., bitcoins) abre la puerta a nuevas aplicaciones que pueden hacer uso de los contratos inteligentes.

Los contratos inteligentes normalmente también se componen de una interfaz del usuario y a veces emulan la lógica de las cláusulas contractuales.

Los smart contracts son una especie la propiedad inteligente (en inglés smart property), un derecho de propiedad controlado usando contratos inteligentes. Es la afirmación digital de derechos de propiedad de un activo a través de su entrada en una cadena de bloques o blockchain, usando la clave privada del propietario. Algunos tipos de propiedades como marcas, derechos de autor y patentes pueden ser propiedades inteligentes ya que pueden ser fácilmente codificados y procesados como documentos digitales y registrados a los fines de afianzar.

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Los “smart contracts” y la uberización del derecho del trabajo.

Los “smart contracts” o contrato inteligente son aplicaciones informáticas que permiten diseñar, organizar, establecer procesos y prever consecuencias, de modo tal que quienes lo aplican tienen previstas todas las posibilidades que genera el cumplimiento y las vicisitudes de un acuerdo entre partes.

Edición impresa
Martes 24 de julio de 2018
Todo ello garantizado a través de algoritmos que preveen todas las contingencias tal como opera UBER.

En el ámbito del derecho del trabajo pensemos por ejemplo en el contrato de temporada, contenida en una aplicación informática donde todo está previsto, garantizándole al trabajador el cobro de sus salarios y sus ajustes, las condiciones de trabajo, generando automáticamente la convocatoria a cada temporada, y estableciendo con los mecanismos de extinción, asegurando las indemnizaciones que pudieren corresponder.

Otro tanto podría haber con un contrato de plazo fijo, previendo con claridad el objeto del mismo que por su naturaleza y cumplimentación determine el plazo predeterminado, asegurando el salario y sus ajustes, las condiciones de trabajo, y las fórmulas que hace a la extinción.

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Choferes de Uber son empleados en relación de dependencia, según tribunales londinenses

Choferes de Uber son empleados en relación de dependencia, según tribunales londinenses

Choferes de Uber son empleados en relación de dependencia, según tribunales londinenses

El 28 de octubre de 2016 el Tribunal Central de Empleos de Londres determinó que los choferes de Uber son empleados, y por ende, deben recibir los beneficios y las prestaciones como tales. En un caso, con el apoyo del GMB, una de las centrales sindicales más importante de Gran Bretaña, 18 choferes ligados al sistema fueron declarados empleados de la empresa que administra el sistema (‘Y Aslam and J Farrar and others vs UBER B.V.–UBER London Ltd -UBER Britannia Ltd.‘, Central Employment Tribunal 28-10.2016, Registro Oficial del CTEL, London UK).

Uber desarrolló una importante defensa de la independencia de la empresa titular del software que permite organizar el sistema, destacando la independencia de los usuarios y de los prestadores para aceptar la asignación o rechazarla, y de los usuarios para elegir libremente el prestador.

Sin embargo, se demostró que los titulares de los rodados desarrollaban su actividad en forma intensiva, sin descansos ni jornada limitada, y bajo condiciones de trabajo sumamente precarias. También se llegó a la conclusión de que se ejercía de un modo u otro el principio de autoridad a través de las reglas impuestas por el sistema informático, que fijaba las condiciones dentro de las cuales se desarrollaba la prestación.

Si bien se destacó que su carácter de empleados revisten características especiales, este ‘leading case‘ será recordado como histórico, en un ámbito tan controversial como el que plantean hoy apps como Uber y las nuevas tecnologías. Es, por decirlo de un modo general, el triunfo del derecho del trabajo sobre la condición autónomos pregonado por la compañía a nivel global. Uber Technologies Inc. es una empresa internacional que proporciona a sus clientes una red de transporte privado, a través de su software de aplicación móvil (‘app‘), que conecta los pasajeros con los conductores de vehículos registrados en su sistema, los cuales ofrecen un servicio de transporte a particulares. La empresa organiza recogidas en decenas de ciudades de todo el mundo y tiene su sede en San Francisco, California. Inicialmente, los conductores tenían autos Uber que aprobaba la empresa. Después de 2012, Uber añade una selección más amplia de coches en el mercado, los llamados UberX. Los coches se reservan mediante el uso de la aplicación móvil. Usando la aplicación, los clientes pueden rastrear la ubicación de su coche reservado.

No obstante, esta iniciativa de Silicon Valley ha sumado problemas en algunas partes del mundo. Desde su nacimiento, Uber recibió la declaración de guerra de agrupaciones de taxistas en algunas ciudades y reguladores han intentado normar y regular sus operaciones.

En abril de 2016, Uber desembarcó en Buenos Aires. El 15 de abril, los taxistas realizaron distintas manifestaciones de protesta, pidiendo exclusión de la plataforma. Cuestionan el lanzamiento del sistema por la amenaza que significa para sus puestos de trabajo, y la falta de control sobre el cumplimiento de recaudos de seguridad del rodado, y la vigencia de seguros de responsabilidad civil y pago de impuestos, tasas y contribuciones en forma igualitaria.

El 13 de abril de 2016, la Justicia ordenó al gobierno de la ciudad de Buenos Aires que “de modo inmediato”, arbitre las medidas necesarias para suspender cualquier actividad que desarrolle la empresa Uber o cualquier sociedad bajo ese nombre y tipo de actividad. La empresa no suspendió sus operaciones, y sigue estable con varios miles de conductores.

Asimismo Uber opera en el Gran Buenos Aires, parte de la provincia de Buenos Aires, y en jurisdicciones donde la Ciudad Autónoma no tiene ninguna injerencia.

Hasta hoy nadie ha cuestionado el vínculo que existe entre los choferes como personas físicas y Uber, y si existe o no relación de trabajo dependiente. En cualquier caso, el momento inexorablemente llegará.

Seguramente, el fallo del Tribunal de Londres será un antecedente propiciatorio.